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Colaboraciones

Bergoglio y Sosa: la teología de la liberación en la cúspide de la iglesia católica

lunes 07/05/2018
12:59 PM
  • Pasquale Sofía

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¿Coincidencia, profecía o estrategia romana? Por primera vez un papa latinoamericano, Jorge M. Bergoglio; por primera vez un jesuita en el trono de Pedro; por primera vez el nombre de Francisco en los honores jerárquicos de la Iglesia católica. Como si eso no fuese suficiente, también el «papa negro», el XXXI General de la Compañía de Jesús, por primera vez en la historia de la congregación, es un latinoamericano, Arturo Sosa Abascal: venezolano. El papa y el jefe de los jesuitas, ambos latinoamericanos y ambos acomunados por la misma visión sobre la política, la sociedad, el cristianismo y la misión sacerdotal, representan una derivación de la controvertida Teología de la liberación y de la Teología del pueblo, rama argentina menos radical.

La Teología de la liberación es un fenómeno teológico-eclesial oriundo de América Latina, que surge del encuentro entre la sociedad y el cristianismo, con su propia interpretación de la intervención divina en el mundo, y según «una lectura de la Biblia no arrodillada», como algunos sacerdotes han proclamado. Esta corriente teológico-política aparece en los finales de los años 70 del siglo pasado, y se formaliza en el continente con el texto de Gustavo Gutiérrez, Teología de la Liberación. Perspectivas (1971), donde se identifican las causas de la pobreza de América Latina con las estructuras sociales injustas.

Sin embargo, esta teología es de larga gestación, pues comienza con los primeros misioneros quienes deseaban realizar el Reino de Dios en tierra americana. Entre los clérigos de varias órdenes religiosas que ayudaron a crear la categoría antropológica y filosófico-teológica del indio, se menciona al fraile Antonio de Montesinos, quien en 1511 pronuncia el Sermón de Adviento, el cual contenía un poderoso llamado de conciencia a los colonizadores sobre el tratamiento de los indios. El sermón daría como resultado las Leyes de Burgos (1512), antesala de los derechos humanos. Igualmente se recuerda a Bernardino de Sahagún, quien daría a conocer la historia precolombina de Nueva España (México); a José de Acosta, quien exaltaría la inteligencia de los indígenas y su carácter humano y solidario; a Bartolomé de las Casas, quien denunciaría el genocidio de los indígenas, su sumisión y explotación, creando la «leyenda negra».

Sobre las palabras de Jesús «Vino… a dar libertad a los oprimidos» y en la teología del Éxodo –símbolo de la liberación política-, está centrada en tiempos más recientes la dialéctica fe-realidad, abriendo las puertas a la teología de la praxis y de la liberación. En cuanto a la acción jesuita: en 1949 el General de la Compañía de Jesús, J.B. Janssens publicó «Instrucciones sobre el apostolado social», invitando a la cofradía de América Latina a la acción social para cambiar las estructuras de la convivencia, sobre justicia y solidaridad cristiana. Luego del Vaticano II, P. Arrupe, heredero de Janssens, instó a sus sacerdotes a cambiar la mentalidad y las estructuras sociales de América Latina, en dirección hacia la justicia social. En 1968 se produjo la Carta de Río, plasmando crear un nuevo orden social, frente a las condiciones inhumanas de los pueblos.Respecto a la teología jesuita (siglo XX): K. Rahner habla de un «recentramiento antropológico» de la teología: Dios con y dentro del mundo; J.B. Metz reinterpreta la Biblia a partir de la historia política del hombre, como necesidad de «desprivatizar» la teología, abriéndola al mundo real y a la cultura contemporánea, base de la Teología de la liberación.
Con Bergoglio y Sosa en la cúspide de la Iglesia universal, la visión franciscana del cristianismo originario y la teología de la praxis jesuita, forman una amalgama inflamable en la utopía cristiana del Tercer Milenio.

 


 

 

El presente artículo pertenece a la columna «Americanología» de la decimoctava edición de la revista cultural Tinta Libre, publicada el 31 de marzo de 2017.

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