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Tomas clandestinas de agua aumentan el riesgo de una epidemia en Maracaibo

Vecinos denuncian que los niños presentan un cuadro de vómito, diarrea, y fiebre por 10 días, por culpa del líquido

El inclemente sol de las 11:00 de la mañana no le cambia el plan a Joan Aguilar, quien luego de cambiarse el uniforme de trabajo por una camisa sucia, sale con una carretilla que antes usaba para movilizar herramientas y que ahora le sirve para desplazar el agua que recoge en una tubería al frente de Plaza de Toros, hasta su casa en el barrio Ciudad Lossada. Su comunidad tiene más de un mes sin recibir el servicio.

No es primera vez que las zonas del norte, sur, este y noroeste de la capital zuliana se ven afectadas por la misma problemática y la misma rutina: encontrar algún suministro del vital líquido “cueste lo que cueste”, lo que incita a que vecinos solucionen con tomas clandestinas de tuberías de plazas cercanas o zonas aledañas al hogar. Algunas comunidades como El Pinar tienen dos semanas con el racionamiento, sin embargo, en Amparo denuncian que la tragedia la viven desde hace ocho meses.

Así transcurren los días de los marabinos, quienes se trasnochan y madrugan esperando el sonido milagroso: el agua saliendo por el grifo. Otros solucionan carreteando con agua sin tratamiento, cuyo aspecto advierte el riesgo latente de contraer enfermedades. La situación viola, descaradamente, el derecho humano al acceso al agua corriente y potable de los marabinos.

Pesadilla acuífera

Cuando en la ciudad se preparan para trabajar e ir al colegio, María Isabel Montiel, de 49 años, monta en sus hombros la ponchera que servirá para transportar la ropa sucia, de ella y de sus 6 hijas, desde su casa hasta la toma de agua más cercana para lavar lo que pueda.

“En la parroquia Idelfonso Vásquez tenemos más de un mes viviendo esto.  En mi casa no hay tanque, dependemos de esta agua y cuando aquí no hay nos toca salir a pedir a vecinos de la zona, aunque sea para beber”, declara Montiel.

Las embarazadas sufren las mismas calamidades, pero multiplicadas por el riesgo de infección que se vive ante una crisis hídrica. Yoseany López, de 23 años, ya entró en las 40 semanas de embarazo, pero todos los días sale a buscar una fuente de agua para abastecer a sus otros dos niños. Su familia vive con un balde al día, desde hace tres semanas.

“Ayer estaba cansada y me tocó pagar por una carretilla que me llenara la pipa, pero si usaba el agua aquella para lavar platos y ropa, luego no me alcanzaría para bañar a los niños para ir a la escuela”, cuenta López, mientras restriega la ropita de sus bebés en un lavadero improvisado de la plaza.

En Maracaibo a gran parte de la población no les llega el agua a sus hogares. Según el secretario de Aguas de la Gobernación, Héctor Soto, a finales de enero, el problema radicaba por el funcionamiento de solo una unidad de motor y bomba en la represa Tulé. El gobernador, Omar Prieto, prometió entonces la reactivación de 5 bombas para esa misma semana.

“Llegamos a últimos de febrero y aún no llega el agua. Hidrolago salió en estos días diciendo que ya estaba solucionado, que era por las fallas eléctricas y por las roturas en las tuberías pero que ya lo controlaron y que reestablecerían el agua. Seguimos esperando”, denuncia Bladimiro Peña, de 30 años, y muestra las carentes condiciones del lugar que les sirve para bañarse a él y a sus hermanos pero que, entre el olor y la basura, desprecia el valor de la vida humana.

Al borde de una epidemia

Colegios y hospitales perciben la emergencia en la que concluirá Maracaibo de extenderse por más tiempo la escasez. La escuela estatal “Simón Bolívar” se somete a un horario crítico hasta las 10 a. m. para que los niños no padezcan del infortunio de visitar las salas sanitarias sucias.

En la plaza aledaña al colegio, al noroeste de Maracaibo, siempre llegan más de 40 personas en la tarde y los vecinos la apodan “la autobomba”. “La comunidad necesita agua y desde la Gobernación no hacen nada, se les cayó la mentira del sabotaje y la sequía, es por su ineficiencia y ahora son los niños los que sufren por tantos virus raros que están dando”, asegura Alfredo Mosquera, de 60 años, el vigilante del centro educativo.

Los nietos de Francisco Loalza, dejaron de asistir al colegio desde hace mes y medio. En el plantel educativo no llega el agua y en su casa desconocen del servicio desde hace meses. “Las maestras nos dijeron que evitáramos llevarlos porque podían agarrar enfermedades, los salones están sucios y las salas sanitarias, ni hablar”, asevera el señor de 57 años, además explica que le ha tocado caminar de Amparo hasta la plaza Páez, ubicada en Cumbres de Maracaibo, y así llenar botellones que hervirá para el consumo humano.

De persistir la pesadilla acuífera, incrementará el número de familias obligadas a consumir y usar agua de pozos sin tratamiento, lo que provocará el aumento de enfermedades por el agua contaminada. «Aunque hervimos el agua igual tenemos un brote de diarrea, fiebre y vómito en los niños de la zona. El virus les dura hasta 10 días y se ponen barrigones», denuncia Ana Viloria, de 63 años , en el Barrio María Concepción Palacios.

Las tomas clandestinas distribuyen agua que se utiliza para el riego y que no están potabilizadas, es decir, no pasaron por diversos procesos que eliminan las bacterias, larvas y huevos que se encuentran en el agua depositada. “Actualmente vemos con frecuencia lo que denominamos las enfermedades hídricas, aquellas que se producen por el consumo de agua no potable y no debidamente procesada y que se manifiestan en forma de mocos y diarrea con sangre”, explica la presidenta del Colegio de Médicos del estado Zulia, Dianela Parra.

Además, Parra asegura que desde el punto de vista clínico estos virus se presentan en diarreas pero, que además conllevan a la multiplicación de larvas que pueden ser ascarislumbricoides, tricocéfalos y amibas, y luego provocar complicaciones intestinales de vólvulo y convertirse en un caso quirúrgico.

«Al momento de presentar este tipo de síntomas se debe acudir de emergencia a los centros médicos para identificar si existen quistes, larvas o huevos, dependiendo del tipo de parásito, para luego tratarlas. El agua es un elemento indispensable para la vida tanto para el saneamiento de la persona como para el consumo humano, las autoridades deben estar alertas a esta problemática», alega Parra.

Desde el Colegio de Médicos instan a la población a hervir toda el agua para el consumo y así evitar este tipo de complicaciones que pueden derivar a una epidemia de Hepatitis A. Además hacen un llamado al Gobierno para que sean garantes de ofrecer un servicio público del agua digno, «porque es un derecho de vida».

Joan Aguilar ignora todas las consecuencias de consumir agua sin tratamiento. A las 5.00 de la tarde vuelve a recorrer el pozo de la Plaza de Toros, pero ahora lleva consigo a sus cuatro hijos de 8, 6, 4 y 2 años de edad para bañarlos y aprovechar de lavarles la ropa del día siguiente, mientras espera, angustiado, el remedio que le darán a su niña menor que presenta un cuadro de escabiosis.

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