Maracaibo, Venezuela -

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María G. Núñez: legado de humanidad en LUZ

sábado 23/07/2016
4:15 AM
  • Aisley Moscote Jiménez/ Foto: Eleanis Andrade

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“¿Qué me dejó?, Madurez”. Toma un respiro, mira al cielo y continúa. “Debí cuidarla, no solo era quedarme en casa y vigilarla; tenía un timbre en mi cuarto, ella lo tocaba cuando necesitaba voltearla, o bañarla”, recordó Jesús Parra, uno de los tres hijos de la vicerrectora administrativa de la Universidad del Zulia, María Guadalupe Núñez de Parra, quien falleció a las 7:14 de la noche del jueves, luego de una lucha contra un cáncer de colon.

datosversionfinalEl viacrucis de su calvario lo relató su hijo con calma. Hace cuatro años, Núñez fue diagnosticada con un cáncer de mama, recibió el tratamiento y lo superó, estuvo estable por dos años, pero luego, volvió a quirófano por una intervención, que juicio de su hijo “no tenía nada que ver con la enfermedad”, pero fue ahí donde le vieron los tumores de un cáncer de colon, cuyo desarrollo era veloz. Las quimios volvieron, pero esta vez el tratamiento fue “severo, fuerte, violento”, así lo describió Jesús. “Se le cayó el cabello, y eso degradó su ánimo, pero igual asistía a la Universidad con su peluca, dándole todo, como siempre”, expresó con melancolía.

Al tiempo, viajó a Caracas y los tumores crecían. Más quimios, más dolor, más cansancio. “Su cuerpo estaba agotado de todo lo que había recibido”, por eso, en familia tomaron la decisión de cesar los tratamientos, y justo ahí la recaída fue fatal.

El pasado 24 de junio visitó su lugar favorito, la playa de su hermano, en Santa Ana, vía a Los Puertos de Altagracia; 48 horas después fue ingresada de emergencia en una clínica de Maracaibo, donde lo único que le pedía a Dios era fuerzas para ver nacer a su nieto, vástago de su única hija hembra, María Gabriela, y que su otro hijo, Francisco, regresara de los Estados Unidos junto a sus nietos. “Ninguno de los dos deseos pudo cumplir”, recordó Jesús.

La madre de muchos. Cuando su hijo y su padre llegaron a la Mansión Apostólica, lugar donde fue velada hasta hoy, muchas personas se acercaban para agradecerles a ambos por “la madre que vieron en ‘Lupe’”. Y es que la académica egresó de LUZ, e inmediatamente pasó a formar parte de su personal, destacando como la primera mujer en ejercer el cargo de decana en la Facultad de Ingeniería, y años después, resaltó al género siendo también la primera mujer en asumir el cargo en el vicerrectorado administrativo por más de ocho años. Unos 41 años suman su trayectoria.

Mujer cálida, amable, servicial, pero ante todo humilde. Ese adjetivo lo catalogaron quienes fueron a despedirla. Su prima Lida Ferrer, entre lágrimas, aseguró que no hay nadie que pueda hablar mal de ella, “una mujer que luchó hasta lo último, siempre aferrada a ese amor familiar, a los suyos, a su Universidad, aún estando en cama”.

Un amor para siempre

datosversionfinalEntre amigos estaba Francisco Parra, su esposo. Para él, la base de la familia seguirá siendo “Lupe”, “ella seguirá siendo la luz, ella es luz, esa que estará en nuestra alma, porque justo ahí se posó”, expresó con tristeza.

El señor Parra resaltó que ella sabía que no iba a estar por mucho tiempo, lo supo primero que ellos, aún así luchó. “Ahora llega gente que la admiró, y vio en ella hasta esa madre, así que no se fue, al contrario, nos hizo crecer la familia”.

La humildad de “Lupe” nunca conoció barreras, menos desde el cargo que mantuvo. Uno de los jefes de seguridad, Johan Rojas, quien estuvo con ella en parte importante de su vida, incluso en su enfermedad, recibió ayer otro título universitario, en el que la vicerrectora administrativa tuvo papel importante. “Este era un día que ella esperaba mucho, se sentía muy orgullosa, y hasta esperaba entregarme el título, pero no podrá acompañarme”.

Siempre LUZ

datosversionfinalEl pasado 22 de junio, en el marco del 125º aniversario de la fundación de la Universidad del Zulia, y los 70 años de la Facultad de Ingeniería, LUZ confirió el Doctorado Honoris Causa a la académica. “Nunca la había visto abrazar algo con tanta pasión, fue como en la recuperación que solo le duró unos meses, era porque sabía que recibiría el reconocimiento y luego se marcharía”. Y así fue, en su discurso delató esa efervescencia de estudiante egresada de pregrado, esa que escribe con la intensión de robar lágrimas e inspirar al colectivo.

Fue concisa, directa y hasta en sus últimas letras resaltó su orgullo por la Universidad que nunca dejó de defender. “Es la Universidad la que debe juntarse y unirse en torno al objetivo común de preservar la libertad académica y la autonomía universitaria, más allá de las reivindicaciones socioeconómicas que es el centro de las actuales luchas. Rechazar los insistentes intentos por domesticarla con un pensamiento único”. Paz a su alma.

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