Maracaibo, Venezuela -

Ciudad

El hambre acaba con la infancia de cuatro niños

jueves 08/09/2016
5:04 AM
  • Aisley Moscote Jiménez | [email protected] / Foto: Juan Guerrero

  • @versionfinal

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La infancia se masifica a diario en Los Plataneros, de la avenida Libertador, en pleno casco central, donde los niños roban, las niñas intercambian trabajo o sexo por par de plátanos.

Yo sí robo, señora”, me responde sin pena Rony. Hablaba temblando, y está atento por si alguna patrulla aparece. Tiene el pelo tostado, está en Los Plataneros desde hace un año y desde entonces hurta cualquier camión donde pueda montarse.

Tiene una herida en su boca, la abre lento, pero cuenta que se sube en las unidades, o pasa y tumba los plátanos, los que caigan son de él. Ese es su modus operandis. Rony teme que se lo lleven detenido a algún albergue, no por él, sino porque se acabaría el sustento en su casa. “Señora, si yo me robo los plátanos es para vender cuatro y el resto pa’ la casa, así ayudo”, cuenta y baja la mirada.

Con tan solo 12 años y lleva con él un bolso playero naranja donde mete lo que hurta. Lo abre sin pudor y cuenta, “apenas llevo cuatro plátanos, y me faltan”. La acción está mal, incluso es pecado, pero no hay quién lo corrija. Se monta todas las mañanas desde su casa, en el bus de El Brillante, llega una hora después al centro, los vendedores lo agreden verbalmente, y amenazan con llevarlo a la Lopna, entonces se esconde hasta que las aguas se calmen.

“Yo no robo chama, esto es pa’ mis hermanitos”, dijo Emilio con la voz quebrada. La razón que tiene para llevarse los plátanos o cualquier repuesto de camión que vea mal parado, es su familia.

Contó que es el mayor, aunque solo tiene nueve años, por eso, debe ser el sostén de un hogar donde no hay padre, y su madre, al parecer solo sabe delegarle trabajos, aunque deba estar en la escuela o algún plan vacacional comunitario.

Emilio dice vivir en Patria, una comunidad que no sabe donde queda, pero que asegura pasa el bus de El Brillante. “A mí me regalan plátanos a veces, pero también agarro, y así, los vendo y llevo cobres también pa’ la casa”.

Rony y Emilio no saben sus apellidos, no tienen cédula de identidad, ni dinero. Ambos se montan en los buses cuando cae la tarde para irse a casa, se trepan sin control, y arriesgando sus vidas porque no tienen dinero para cancelar el pasaje, y los colectores no los dejan sentarse, siquiera.

Ambos estudian, aseguraron, Emilio quiere ser bachiller, Rony “algo grande, que no sea así siempre”, lo dice y seca sus ojos antes de que sus lágrimas broten. Los dos corrieron hasta desaparecer entre la multitud que en su mayoría son personas mayores que los ignoran.

Crismary tiene 12 años, también va al mercado de Los Plataneros porque arruma mercancía, según ella, solo los miércoles. Tenía un jeans y un abrigo, en ellos envolvía sus manos y miraba al cielo para responder.

No le dan grandes cantidades de dinero, solo seis o cuatro plátanos por arrumar, se los lleva a su casa para el almuerzo, la cena, o los venden. “A veces, cuando trabajamos mucho nos dan 50 o 100 bolívares”, cantidad que no rinde ni para un pasaje hasta su vivienda, ubicada en La Musical, en la parroquia Antonio Borjas Romero.

Ella y Eleanis son de las que trabajan, pero no descartan ser vistas por la malicia masculina. Eleanis tiene 13 años, lleva par de meses ahí. ¿Por qué están aquí y no haciendo otra cosa, jugando, por ejemplo? “Porque debemos hacer dinero para la casa, llevar comida”, contó mientras contaba un dinero. Su cuerpecito está reseco, maltratado por el sol, sus ojos se hunden, y en sus labios se nota la ansiedad por comer algo, tomar algo, alimentarse.

El apellido de Eleanis es Moreno, tiempo después de haberle preguntado lo respondió, quiere ser abogada, “pero grande, con trajes, oficina”. Crismary no pudo responder, pues una mujer cuyos rasgos delataron la familiaridad con la niña, la tomó del brazo y se la llevó.

Debe ser este el punto de ebullición de tantas esquinas donde se refugian los infantes para trabajar, robar o prostituirse. Es en Los Plataneros, la primera parada que deben hacer las autoridades que aún planifican el rescate de una infancia que es acechada por los vicios.

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