Maracaibo, Venezuela -

Ciudad

Carboeléctrica costaría 4.000 millones de dólares

La planta necesitaría 8 mil toneladas diarias de carbón, que no se producen en la entidad

martes 15/05/2018
10:01 AM
  • Enmillyn Araujo

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La promesa de instalar dos nuevas plantas termoeléctricas, una a carbón y otra a diésel, hecha el 5 de mayo por el presidente Nicolás Maduro, durante su cierre de campaña electoral en Cabimas, en la Costa Oriental del Lago (COL), es inviable y está lejos de resolver la crisis eléctrica del Zulia, según los expertos en el tema.

Serán construidas en la Guajira y en las riberas del Lago de Maracaibo “para estabilizar el sistema eléctrico” severamente afectado en la entidad, afirmó el mandatario nacional.

Desde el mes pasado, las jornadas de descanso y actividades cotidianas de los zulianos han sido interrumpidas por las fluctuaciones y cortes eléctricos prolongados, de entre 12 y 24 horas.

El gran apagón del 18 de abril, en el que nueve municipios permanecieron a oscuras por una falla en la línea de transmisión de Yaracuy-El Tablazo y el incendio en la subestación Moralito, en El Vigía, fue un precedente para el caos eléctrico que se agudizó en los 16 días posteriores.

Tras la visita de Maduro, el Plan de Administración de Cargas se regularizó en la entidad; pero tres días después, la explosión de la subestación Centro, en Cabimas, dejó sin luz a las familias cabimenses.

Alejandro López, ingeniero eléctrico egresado de la Universidad del Zulia (LUZ), desestimó que ambas plantas sean la “salvación” para los zulianos porque requieren mayor tiempo e inversión para garantizar su operatividad. La espera de los grupos familiares que piden a gritos una rápida y definitiva solución al desbarajuste eléctrico se prolongaría por dos o cuatro años.

El consultor internacional eléctrico, José Aguilar, señaló que la construcción de una carboeléctrica es solo una excusa para dar paso a la explotación del mineral, que tiempo atrás fue rechazada por su impacto negativo en el ambiente.

López y Aguilar coincidieron en que las pretensiones de construir dos nuevas plantas termoeléctricas responden a un tema electoral, ya que dentro de cinco días se llevará a cabo el sufragio presidencial, y al interés de explotar la minería de carbón por su cuantioso valor.

Ambos expertos apuestan por la rehabilitación de las plantas termoeléctricas existentes y culminación de las obras inconclusas; un proyecto que costaría unos 200 o 300 millones de dólares y mejoraría el servicio eléctrico en la región zuliana en seis meses o un año.

Sistema indomable

La planta a carbón, de 1.000 megavatios, costaría unos 4.000 millones de dólares. Podría estar valuada en 2.500 dólares menos, pero en el caso de Venezuela se requiere la expansión de los terrenos de las minas Norte (Guajira) y Paso del Diablo (Mara), ya que la producción actual de carbón es insuficiente para cubrir la demanda de una termoeléctrica de la capacidad ofrecida por el Gobierno, aseveró López.

El especialista en Generación Eléctrica indicó que una central de esa capacidad necesita 8.000 toneladas métricas diarias de carbón para cumplir con sus funciones. En 2015, solo se producían unas 4.000 toneladas diarias por la empresa Carbones del Zulia (Carbozulia), según dijeron fuentes ligadas a la institución minera. Para mantener operativa la planta durante todo el año se necesitarían, aproximadamente, tres millones de toneladas de la roca sedimentaria.

Detalló que se necesitaría la ejecución de obras como líneas de transmisión en alta tensión, subestaciones de media y alta tensión, sistema ferroviario, embalses para el suministro de agua para los procesos de la carboeléctrica, un acueducto.

Además, el Gobierno debe adquirir maquinarias, cintas transportadoras, camiones, plataformas y gabarras para extraer y transportar la roca sedimentaria desde las minas hasta las calderas de vapor de las plantas.

Por sí sola la planta a carbón no tiene la capacidad de gestionar el sistema eléctrico zuliano y debería ser usada a la par de las termoeléctricas como Termozulia y Ramón Laguna, para garantizar la distribución adecuada de la energía generada y demandada. La demanda de megavatios en el Zulia se ubica en los 3.000 megavatios diarios, en los meses con altas temperaturas.

“La generación de energía con carbón no es flexible y gestionable, es decir, produce una potencia fija y no cubre las variaciones de la demanda eléctrica, a diferencia de los ciclos combinados que suben, bajan o completan la carga eléctrica. La carboeléctrica genera un excedente de energía, que tendría que ser vendido o enviado al sistema interconectado”, explicó López.

Impacto negativo

La ampliación de las minas es una obra a cielo abierto que lanzaría grandes emisiones de gases contaminantes, alterando las fuentes de agua potable de la región, los ríos Cachirí y Socuy, según han denunciado en reiteradas oportunidades grupos ambientalistas.

Aguilar advirtió que la planta de carbón significa un retroceso en materia tecnológica y ecológica para la generación eléctrica del país. “Estas plantas están de salida en el mundo porque son extremadamente contaminantes. Es un proyecto demagógico que no resuelve el tema de la electricidad. El Gobierno ni siquiera ha finalizado los ciclos combinados de Termozulia 2, 3 y 4 y de la planta de Bachaquero”.

Al encaminarse en la construcción de la planta a carbón, Venezuela trasgrede el Tratado de Cambio Climático firmado en París, en el 2015, en el que se comprometió a reducir los gases invernaderos, junto a otros países.

Los gases contaminantes que emanan las chimeneas durante la combustión del mineral, son un factor pujante para rechazar la instalación de una central a carbón. “Emiten mayor cantidad de óxidos de carbono –factores de emisión de gases invernaderos-, que en una central de gas natural o gasoil”, destacó López.

El Gobierno ya había asomado la necesidad de explotar el combustible fósil para solventar el problema eléctrico en la región, en años anteriores. También con el objetivo de elevar los ingresos económicos del país.

Pero el tiempo de ejecución de la carboeléctrica juega una carrera contrarreloj ante la desesperación de las familias zulianas, que desean salvarse de las tormentosas fallas eléctricas.

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